Sí, me llamo Ben y no quiero crecer. Ser joven es lo mío ¿Sabes? Se me da bastante bien, quizás ser un niño pequeño no se me de fenomenal pero ser un jovencito mayor de edad, ni siquiera un adulto, me sale bastante bien.
Tengo miedo porque en mayo, 25, mi cumpleaños, voy a ser un año más viejo y no quiero, no entiendo para qué, sé que puedo pensar, ¡Bah, en mi mente siempre tendré 18! Pero es MENTIRA, mi cuerpo siempre será mas viejo cada año, sino pregúntaselo a mi madre.
La primera vez que pensé en esto fue cuando tenía 12 años, la gente ya no me daba caramelos, ya no podia meterme en la piscina de bolas y, por primera vez, pensé que jamás podré hacerlo. Las cosas cambian sí, y eso me parece estupendo pero ¿Cambiar yo? Eso no me gusta tanto, yo no quiero tener arrugas, no quiero perder mi tiempo en ser mas viejo y perderme cada vez mas cosas que jamás se repetirán.
Pensaréis: ¡Pero si todavía eres joven y blah blah blah! Yo a eso pienso: Que os jodan, soy joven AHORA y de que me sirve ser mayor, no quiero crecer buaaaah...
Bueno ahora que he conseguido secar mis lágrimas quiero decir que sería genial poder parar el tiempo y hacer algo parecido a lo que hacía Hermione Granger con ese colgante raro con el que salía en una de las pelis de Harry Potter, que era parar y volver en plan videocasete pero con las clases. Yo la verdad no haría eso, yo haria todas las cosas que no hice porque dije sí, o las que me perdí por decir no. Pero eso es imposible y detenerse en el tiempo también. Por eso pongo punto final a mi carta y a mi vida, para quedarme con el recuerdo de algo que realmente me ha gustado, espero no equivocarme de dirección al girar en la segunda estrella, rumbo al horizonte llendo al país de nunca jamás.
Adiós tren de vida, esta es la parada en la que me quiero bajar.
jueves, 15 de julio de 2010
El porqué
Nunca me rendiré, nunca me rendiré porque soy una cabezota. Nunca me cansaré de esperar ese milagro, nunca me cansaré porque soy una vaga. Una vaga que le da miedo mover el mundo para que gire en el sentido contrario. El sentido en el que deberían ir esas cosas que no me gustan, como no me gusta echarte de menos, porque echarte de menos me hace pensar en ti. Lo que hace que me duelan las branquias, esas que uso para respirar en el mar de mis rarezas. Esas que no soportas. Como yo no soporto que dejásemos de hablar. Que ni siquiera el viento se llevase las palabras. Las que jamás dije que se quedaron adentro y que hacen que me queme no poderte decir lo que pienso. Pero me aguanto. Y aguanto como puedo. Porque lo que de verdad quiero, como la vaga que soy, es que me hables tu primero.
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