martes, 23 de agosto de 2011

Tardes de viernes

Quizás, como siempre, podría empezar describiendo el ambiente. Hacía calor y era agobiante, pero no asfixiaba. En el fondo quería seguir estando allí de pie contemplando a las personas y escuchando su conversación, esperando a que alguna de ellas hablase de algo que no fuese estúpido o que tuviese que ver conmigo. Pero nada, las piernas me dolían y ya no quería esperar más. 
No estaba sola y las convenciones sociales nos obligan a quedarnos parados o poner excusas para irnos sin ofender a nadie, dar dos besos, decir adiós y etc, etc, etc... interminable. 
La conversación interminable, también, a veces se agota, y quedan silencios en los que en la tele se dicen las cosas importantes pero aquí simplemente nos preguntan "¿Qué te cuentas?" Y a veces los piensas, otras veces piensas "Vete a la mierda" pero, normalmente, se saca un tema estúpido, un tema que no sabes continuar y vuelven los silencios.
Pero la vida es así y estas cosas pasan, pero deberías saber que hay tardes mejores que las del viernes.