Después de haber quedado con sus amigos, Pablo volvía a casa. No había mirado el reloj ni una sola vez hasta entonces y descubrió que se había hecho tarde, demasiado.
Conocía un par de atajos, como no, Pablo es el rey de Madrid y el rey debe dar una imagen, Pablo decidió dar un paseo por el retiro. Giró a derecha, izquierda, acabó pasando delante de la rosaleda y siguió distraído cantando las canciones de su Mp3, Pablo había triunfado. Sin darse cuenta se halló en medio de la plaza donde se encuentra la fuente del ángel caído totalmente solo, ni un alma.
La brisa helada le golpeó la cara devolviéndole a la realidad, reventando su burbuja y, de repente, sintió miedo. Se sintió vigilado, como si alguien le estuviese observado. Dio varias vueltas sobre sí mismo intentando escrutar en las sombras unos ojos que vigilasen sus pasos pero lo único que pudo distinguir fue la triste figura de un edificio a lo lejos y las siluetas de los árboles que se dibujaban mas negros que la propia noche. No se había perdido, sólo le parecía demasiado tonto dar la vuelta y volver sobre sus pasos, Pablo nunca se echa atrás.
