Entonces vendrás corriendo un día tu y tú cara de perro, y te meterás donde no te llaman, como siempre, y ¿Sabes qué? Te encontrarás con un bate de béisbol que resumirá tu cabeza a una papilla de cerebro, hueso y pelo.
Y te preguntarás quién llevaba el bate, la respuesta es... ¡Valentine!
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