sábado, 26 de diciembre de 2009

Pablo II

Pablo no se había percatado antes de aquella presencia al otro lado de la plaza, lo achacó a esas copas de más que le había dado por tomar. La fría noche le había obligado a taparse, y al ver aquella figura con ese vestido vaporoso, un escalofrío recorrió su espalda, incluso le dieron ganas de tapar a aquella sensual silueta con su enorme chaqueta de aviador. Aquella extraña mujer de rasgos atigrados, le miraba desde unos ojos azules, más profundos que las fosas de Las Marianas, con una expresión que le cautivó desde el principio. Era hermosa, quizá demasiado para ser alguien de este mundo, o al menos eso pensaba Pablo, y se mantenía quieta mirándole. El también la miraba. Ella sonreía y a Pablo le pareció que el sol había vuelto a salir. ¿Se había enamorado? No por mucho tiempo. El pelo rubio caía como una cascada hasta sus pechos, que a Pablo se le antojaron, los más hermosos que había visto. En aquel momento se percató de que aquel ángel caído del cielo llevaba una larga vara de metal en la mano, la cual parecía realmente pesada.
Se quedó estancado mirando aquel objeto, quizá por el shock, por el contraste que hacía con el resto de aquella imagen o por lo irreal que le parecía todo en aquel momento, y ella pareció darse cuenta. Levantó la vara y lentamente la situó frente a su hermosa cara. Pablo siguió sus acciones con una atención casi demencial. Con un movimiento rápido, estampó con todas sus fuerzas la vara contra su propia cara. Repitió este movimiento hasta que Pablo recorrió la distancia entre ellos gritando, casi suplicando que parase, porque cada golpe que ella se asestaba, era un golpe en pleno corazón de Pablo.
Le miró quieta de nuevo, esta vez con la nariz torcida, probablemente rota, una hinchazón vertical en la frente, el labio partido y un ojo desviado, todo esto sangrando a raudales. Sonrió dejando ver los pocos dientes sin romper que le quedaban. A Pablo le pareció que se estaba riendo de él, y probablemente así fuese. Se encontraban a pocos centímetros el uno del otro.
Pablo, en ademán protector aunque ahora inútilmente, le quitó la vara de la mano sorprendiéndose de lo mucho que pesaba, más incluso de lo que había imaginado.
Mirándola se dio cuenta de que a pesar de las atrocidades provocadas en su rostro, seguía siendo hermosa, mucho, demasiado quizás. Sacó entonces un pañuelo, hasta entonces olvidado, de su bolsillo derecho y le limpió con él parte de la sangre que resbalaba por la parte inferior de su rostro mientras la miraba a los ojos intentando descifrar lo que detrás de ellos estaba ocurriendo. Poco a poco los pocos centímetros entre ambos se fueron reduciendo de 10, 7, 5, 3, 2, 1... y ¡Puf! en la cabeza de Pablo empezó a sonar "Happy together" de The Turtles y le pareció haber sido transportado a otra dimensión, su corazón parecía que se le iba a salir del pecho, ¿Cómo podía imaginar algo así? La sangre de la extraña chica se deslizaba por su garganta como si fuese miel, la miel mas dulce que jamás podría haber probado.
Y tan pronto como empezó, acabó. Pablo aterrizó suavemente en el suelo, para darse cuenta de que el sol de su noche se había apagado, desaparecido, nada... Y él completamente solo, con la cara ensangrentada, haciéndose preguntas estúpidas para las cuales no tenía respuesta alguna, esperó a que su corazón volviese a su ritmo normal y continuó su camino.

1 comentario:

  1. Looooollll!! como mola! pero kleenex es una marca, tendrias que haber dicho pañuelo de papel vayo!! xD

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