De puntillas, desde el otro lado de la sala, se acercaba Jim Hawkins con ropas que le venían grandes. En su interior se había librado una batalla épica entre el deber y lo que de verdad quería hacer. Su espíritu aventurero había vencido a cualquier otro sentimiento reduciéndolo a cenizas. Al darse, cuenta de que el joven arriesgaba la misión, Willy Wonka lo agarró del brazo, parándole los pies, después se puso un dedo enguantado en los labios en señal del silencio y el joven, como si de el capitán Flynn se tratase, acató la orden de inmediato. Mientras tanto, Sherlock explicaba a Bella, que en su opinión se mostraba realmente inepta, qué hacía allí por enésima vez. Harley Quinn jugaba con el cuchillo un poco más alejada de los demás, siempre fue un poco sociópata, lo cual no la impedía mostrarse relajada y a punto en situaciones arriesgadas. Ella entendió el plan a la primera y esto ayudó a fabricar su propia misión.
martes, 19 de enero de 2010
Pablo IV
Al otro lado de la puerta, no había nada. No el nada normal que todo el mundo se espera, el de traspasar la puerta y volver a encontrarse en el mismo andén que antes solo que un par de metros alejado de donde estabas antes. Era el nada literal, el nada que Pablo se imaginó siempre. Un espacio blanco, por todas partes, sin horizonte, sin luz, sin aire, sin nada. Bueno nada, nada, no, porque ahora estaba Pablo. Pero ¿Y si Pablo no era nada? A lo mejor, antes era algo, pero ahora, ¿No era nada? No respiraba, ni tenia sueño, ni hambre, se sentía turbado, ya no quería pensar más, pero no podía, algo se lo impedía. Mil ideas y más correteaban por la mente de Pablo, le embuchaban como una madre embucha a su bebé con potitos. Se sentó en el suelo, o lo que fuese eso que le sujetaba e intentó calmarse.
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