Ahí arriba veía todo su barrio, ahí arriba su corazón latía más fuerte porque esperaba la caída. Esperaba romper la coraza con sus alas y salir volando de ese infierno. Desde ahí arriba el viento agitaba el pelo que asomaba debajo de su gorro.
Miró de nuevo sus pies para comprobar que seguían en el suelo, y así era, pero nunca se cansaría de comprobarlo. Con un pie en el skate y otro en el suelo, mirando el horizonte, Snow parecía una heroína salida de un cómic. Decidida a saltar hacia al vacío, se dió un empujón con el pie restante y, seguidamente, lo subió al skate. Se lanzó cuesta abajo como alma que lleva el diablo , bueno, más que lanzarse, se dejó caer. El viento que sentía en la cara no le permitía tener los ojos abiertos, pero, joder, era tan libre, tan jodidamente libre... Nadie podría haber imaginado que aquella pequeña persona, ahora mismo, estaba volando. Pero era una lástima que Snow no se diese cuenta de que un cruze de calles se dirigía hacia ella. Podría haber sido más precavida, pero no lo fue, y de la manera más sangrienta que podais imaginar fue arrollada por un coche.
Podrían haber pasado muchas cosas ¿verdad? Se podría haber salvado, o simplemente, no haber muerto, pero ya ven que el destino no es más que un tren que nos arroya o nos deja morir.
...así de ingrata suele ser nuestra alegría. Le gusta arroyarnos cuando menos lo esperamos. Más que la traición, es la traición de esa alegría lo que duele. Esa maldita sensación de que todo lo vivido, nunca fue real. Maldita sea. Ahora es notorio, me han roto el corazón.
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