Es ese lugar en el que hay pies que se arrastran por rutinas y un ruido mudo sube y baja por las curvas de tu ser. Soledades arriba encarceladas cada una en su celdita personalizada, sin mirar al rededor como si tuvieran demasiadas cosas que hacer. Jamás se fijarían en los rios de gravilla que les traen y les llevan.
Quizás un par de afortunados saben mirar al cielo y apreciar el titileo de las estrellas, o los remolinos de yeso como flores de hierro que ahí arriba se encuentran. Rezaré para que esos locos sigan mirando más arriba de su frente e intenten trepar para conservar ese cuento
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