lunes, 28 de diciembre de 2009

Pablo III

Hubo un momento, bastante cómico para quien observase, en el que Pablo pensó que se le había olvidado cómo andar. Afortunadamente, recordó la manera exacta cuando salía del parque para dirigirse a la boca de metro más próxima.
Una vez allí, recordó que las estaciones de metro estaban cerradas a estas horas. De todas formas, bajó las escaleras y empujó fuerte la puerta, quizás demasiado, porque chocó con violencia contra la pared y rebotó para golpearle en la cara como venganza. Esta vez, más gentilmente, la abrió suavemente y con delicadeza, como si de la dama anterior se tratase, y traspaso su marco, adentrándose en las entrañas subterráneas de la ciudad.
En el andén había varias personas a ambos lados de las vías, unas sentadas, otras de pie, parecían relajadas y en paz. Esa sensación se respiraba en el aire y poco a poco fue invadiendo a Pablo:

-Qué bien se está aquí, ¿No crees?- pensó Pablo mirando a su alrededor.

A su izquierda había una puerta de madera clara que, aparentemente, no llevaba a ningún sitio. En un estado normal a Pablo le habría llamado la atención una puerta en medio de una estación metro, pero en ese entonces a Pablo ya nada le sorprendía.

-Será el destino- Se dijo para sí.

Y como cualquier otra decisión como la de qué tomar para desayunar, o la ropa que se iba a poner hoy, Pablo decidió cruzar la puerta. La curiosidad mató al gato. Recordó esa frase cuando cerró la puerta tras de sí.

1 comentario:

  1. Jajajja vayooo!! pero esto que es! Pablo en el pais de las maravillas? xD mola!

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