martes, 25 de enero de 2011
Ya está
Y no queda nada que decir, ahora lo que hay que decir se guarda y lo que se guarda ha de revivir. Puedo decir que estoy harta, pero me callo, puedo decir que no, pero ¿De que serviría? Si nadie escucha las advertencias, todos recibirán sendos golpes del azar y no será mi culpa, será de los que no quisieron escuchar.
jueves, 2 de diciembre de 2010
La emboscada
Miró a su alrededor en busca de una salida, ráscandose la cabeza, sin saber muy bien que hacer. Le estaban acorralando. "¿Otra vez?" preguntó para sí. Otra vez efectivamente, el azar tan retorcido como siempre le jugó una mala pasada. Cogió los hilos y se los ató a la muñeca, sintió como se elevaba poco a poco, "Globos de helio, como no, ¿Qué mejor señal que esta?" Y corrió, corrió hacia donde debía dirigirse, la casa del próximo de su lista.
Exhausto llegó, subió las escaleras de incendios, típicas de esas casas de los suburbios de Nueva York, hasta el piso del siguiente, entonces, sin mayor dilación ni mayor duda que elegir el globo que colocar, ató uno de ellos a la barandilla y volvió a correr por la calle.
El siguiente no vivía demasaido lejos, pero el ruido del helicoptero se acercaba, cada vez más nervioso repitió la operación anterior en diversas casas.
Una vez terminado el trabajo, quedó solo en una enorme plaza, exhausto. Se paró a respirar, y en menos que su pecho relajándose dejaba de salírsele por la boca, un grupo de policías le rodeaban. "Manos en alto" decían, ilusos. De nada le servirían esos helicopteros, pues el trabajo estaba hecho y ya nada más importaba.
Exhausto llegó, subió las escaleras de incendios, típicas de esas casas de los suburbios de Nueva York, hasta el piso del siguiente, entonces, sin mayor dilación ni mayor duda que elegir el globo que colocar, ató uno de ellos a la barandilla y volvió a correr por la calle.
El siguiente no vivía demasaido lejos, pero el ruido del helicoptero se acercaba, cada vez más nervioso repitió la operación anterior en diversas casas.
Una vez terminado el trabajo, quedó solo en una enorme plaza, exhausto. Se paró a respirar, y en menos que su pecho relajándose dejaba de salírsele por la boca, un grupo de policías le rodeaban. "Manos en alto" decían, ilusos. De nada le servirían esos helicopteros, pues el trabajo estaba hecho y ya nada más importaba.
sábado, 20 de noviembre de 2010
Ella lo es.
La he visto pasar, de alguna manera ha estado a mi lado como ninguna lo podría estar. Por eso cuando voy andando por la calle, mi nariz se alza para buscar en el viento su olor, el olor que jamás he olido, pero estoy seguro que reconocería en cualquier parte.
A veces, con el rabillo del ojo la veo esconderse, jugando con mi cordura, pero a mi no me importa pues ella es inalcanzable y lo sé, me gusta que esté aunque no pueda verla apenas, porque sé que si espero más me quedaría con las manos vacías y el corazón roto.
Yo no le imploro nada, no le pido que me quiera, simplemente la imagino, tan perfecta allá a lo lejos, como sólo yo se que es, y por la noche, en mis sueños la encuentro y me dice todo lo que quiero oir. Nadie me cuida como ella, y a nadie quérre así. Puedo estar loco, podeís pensar que estoy desperdiciando mi corazón, pero no creo que exista nadie tan ideal como ella. Mi luna y todas sus estrellas. Así es como es ella.
A veces, con el rabillo del ojo la veo esconderse, jugando con mi cordura, pero a mi no me importa pues ella es inalcanzable y lo sé, me gusta que esté aunque no pueda verla apenas, porque sé que si espero más me quedaría con las manos vacías y el corazón roto.
Yo no le imploro nada, no le pido que me quiera, simplemente la imagino, tan perfecta allá a lo lejos, como sólo yo se que es, y por la noche, en mis sueños la encuentro y me dice todo lo que quiero oir. Nadie me cuida como ella, y a nadie quérre así. Puedo estar loco, podeís pensar que estoy desperdiciando mi corazón, pero no creo que exista nadie tan ideal como ella. Mi luna y todas sus estrellas. Así es como es ella.
lunes, 15 de noviembre de 2010
Llámame X
Y llámame marinero
pues me echo a la mar,
para alejarme de tí
para dejarte atras.
Y llámame piloto
pues me echo a volar
para surcar los cielos
para tocar la libertad
Y llámame soldado
pues lucharé una vez mas
por todo lo perdido
y que jamás volverá.
pues me echo a la mar,
para alejarme de tí
para dejarte atras.
Y llámame piloto
pues me echo a volar
para surcar los cielos
para tocar la libertad
Y llámame soldado
pues lucharé una vez mas
por todo lo perdido
y que jamás volverá.
martes, 2 de noviembre de 2010
Un poni siempre hace ilusión
Érase una vez, una pequeña muchacha, vivía en Barcelona, si bien la memoria no me falla, en un pisito del centro. Un invierno, aquella chica salió a la calle sin el paraguas, fue lo peor que pudo haber hecho.
-Berto, me voy ya, ¿vale?
-Vale, hasta luego, ¡Y que no se te olvide comprar las sartenes!
- Que si, ya lo he apuntado, adiós.
Ese portazo sonó como un eco lejano por debajo del ruido del televisor. Poniendo un pie en la calle una gota calló en la punta de su nariz, se la secó con el dorso de la mano, "Mierda, ¿Y el paragüas?" se preguntó a si misma mientras andaba por los soportales de la calle. La parada de autobús no estaba lejos y ella sólo pensaba en Marcos, en su fría sonrisa, en su desinterés fingido y en sus ojos cálidos, a pesar de pretender lo contrario.
Estaba lloviendo a cántaros o al menos lo suficiente como para que no se notase la lagrima que caía por su mejilla, esa que estaba deseando olvidar a besos. Con el cuerpo empapado compró un sencillo que le llevaría a la cafetería de siempre, la de debajo del curro, la de 5 minutos más y me voy, la de un cortado y un croissant. Ella se sorbía los mocos con mayor frecuencia desde que bajaba del autobús.
A los pocos días al dejarlo de lado, al no tener cuidado, aquel simple moqueo se convirtió en una sinusitis, Berto con frecuencia le decía " Haztelo mirar, por favor, nena" pero no hacía caso, tenía demasiadas cosas en las que pensar, y Marcos ni siquiera se había molestado en llamarla.
Sin avisar una tarde el dolor de cabeza la tumbó en el primer golpe. En el hospital lo llamaron osteomelitis, y en cosa de unas horas ya estaba en el quirofano. Cierto es que el cirujano que la había operado tenía un mal día pero a mi entender fue exagerada la reacción que tuvo cuando le dieron a entender que Laia era la última paciente de su carrera. Cabreado envió a todas las enfermeras a por un café y solo, con la paciente, hizo sus peripezias.
Al salir del quirófano se descubrió a si misma con un parche de pirata, ya no sabía que pensar, al principio deprimida intentó averiguar que más le habían cambiado, sin embargo nada más parecía faltar, más tarde entendió que si la vida te da limones, debes hacer limonada y dejando a Marcos y a Berto atrás se compró un barco y se hizo a la mar.
Ahora os preguntaréis a qué cojones viene el título, pues bien, no toda la verdad está dicha, aunque la vida de Laia no tuvo más variantes, el cirujano le quitó un riñón en la intervención y lo vendió en el mercado negro de órganos. Aunque fue a la cárcel por mala praxis, le compró a su hija el poni que siempre había querido, de ahí el nombre de este relato.
-Berto, me voy ya, ¿vale?
-Vale, hasta luego, ¡Y que no se te olvide comprar las sartenes!
- Que si, ya lo he apuntado, adiós.
Ese portazo sonó como un eco lejano por debajo del ruido del televisor. Poniendo un pie en la calle una gota calló en la punta de su nariz, se la secó con el dorso de la mano, "Mierda, ¿Y el paragüas?" se preguntó a si misma mientras andaba por los soportales de la calle. La parada de autobús no estaba lejos y ella sólo pensaba en Marcos, en su fría sonrisa, en su desinterés fingido y en sus ojos cálidos, a pesar de pretender lo contrario.
Estaba lloviendo a cántaros o al menos lo suficiente como para que no se notase la lagrima que caía por su mejilla, esa que estaba deseando olvidar a besos. Con el cuerpo empapado compró un sencillo que le llevaría a la cafetería de siempre, la de debajo del curro, la de 5 minutos más y me voy, la de un cortado y un croissant. Ella se sorbía los mocos con mayor frecuencia desde que bajaba del autobús.
A los pocos días al dejarlo de lado, al no tener cuidado, aquel simple moqueo se convirtió en una sinusitis, Berto con frecuencia le decía " Haztelo mirar, por favor, nena" pero no hacía caso, tenía demasiadas cosas en las que pensar, y Marcos ni siquiera se había molestado en llamarla.
Sin avisar una tarde el dolor de cabeza la tumbó en el primer golpe. En el hospital lo llamaron osteomelitis, y en cosa de unas horas ya estaba en el quirofano. Cierto es que el cirujano que la había operado tenía un mal día pero a mi entender fue exagerada la reacción que tuvo cuando le dieron a entender que Laia era la última paciente de su carrera. Cabreado envió a todas las enfermeras a por un café y solo, con la paciente, hizo sus peripezias.
Al salir del quirófano se descubrió a si misma con un parche de pirata, ya no sabía que pensar, al principio deprimida intentó averiguar que más le habían cambiado, sin embargo nada más parecía faltar, más tarde entendió que si la vida te da limones, debes hacer limonada y dejando a Marcos y a Berto atrás se compró un barco y se hizo a la mar.
Ahora os preguntaréis a qué cojones viene el título, pues bien, no toda la verdad está dicha, aunque la vida de Laia no tuvo más variantes, el cirujano le quitó un riñón en la intervención y lo vendió en el mercado negro de órganos. Aunque fue a la cárcel por mala praxis, le compró a su hija el poni que siempre había querido, de ahí el nombre de este relato.
sábado, 9 de octubre de 2010
Adivina quién soy...
Soy el tipo más fuerte, más guapo y más alto del mundo, soy alguien que no piensa en que un pequeño gesto mío puede romper los muros más altos jamás construidos, soy aquel que no piensa que puedo aplastar el corazón de cualquier simple mortal con un "Déjalo, anda" ¿Todavía no sabes quién soy? Qué raro, debe ser porque eres estúpido, porque a mí todo el mundo me conoce, ¿como no, si soy más bueno que el pan? En fin, te dejo ahí pensando y mientras me voy a hacer algo más interesante que hablar contigo.
lunes, 4 de octubre de 2010
El elixir de la vida
¡Já! Ya lo tengo, el secreto de la eterna juventud es... no cambiarte jamás la foto de perfil. Ya lo tengo.
jueves, 30 de septiembre de 2010
viernes, 17 de septiembre de 2010
Esto es un resumen legible para humanos
A ver si lo entiendes de una vez, somos un circo, un circo sin sentido, no somos cool, ni somos nada del otro mundo pero somos libres y si alguna vez nos caemos, seguimos corriendo con sangre en las rodillas, porque todo lo demás puede que no importe, porque cuando eres joven lo único que quieres hacer es correr, pero nosotros somos como payasos con la cara pintada creando risas y regalando floses que te escupen agua, somos payasos libres de circo, y en nuestro circo cada loco tira con su tema... nunca mejor dicho.
viernes, 3 de septiembre de 2010
Y todo se va.
Que raro resulta darse cuenta de que me gustas menos, que todo era pasajero, que el cuidado que tenía en mantenerme al tanto de tu vida se ha esfumado como se esfumaron las esperanzas de volvernos a cruzar por ese estrecho pasillo. Que curioso es pensar que las canciones cada vez tienen menos sentido y mucho menos cuando me las enseñaste tú. La verdad, siempre tuve mucho cuidado con ser una pared, algo plano y sin vida, unos ojos que no dicen nada, una boca que no sonríe , pero dificil es no sonreír cuando tú también sonríes, aunque no signifique nada, aunque sólo me estés dando los buenos días.
Siempre me echaba la culpa de ello: " No ves que no eres nada,boba, que solo te está saludando, piensa en ser amable y punto, él no espera nada más de ti" Me sentía mal sólo por el echo de con la sonrisa en los labios y la mano en alto, sin darme tiempo a articular unos "Buenos días" el corazón se me asustase, con esos sustos que te quitan las palabras de la boca, y tú pasases de largo, ya fuese pasillo arriba o pasillo abajo.
A veces, la desconcertante certeza de que tú supieses que existía, arrancaba en mi esa especie de alegría pasajera, tanto como un avión en el cielo, imperceptible y que sólo los mas pequeños se dan cuenta de que está ahí y señalan diciendo: "Mira un avión" como si fuese el primero que han visto en su vida pero que al volver a bajar la vista a sus castillos de arena enseguida olvidan.
¿Qué cuales son mis castillos de arena? La mayoría no tienen nada que ver contigo, como por ejemplo,cuanto tiempo queda para poder volver a tomar una taza de café con Bea , los recados que mi jefe ha dejado de última hora, las llamadas a mi madre... Pero enseguida cruzas el pasillo y me quedo con la duda de si me has mirado o no.
Hoy, no me esperaba verte aquí, y me he dado cuenta de que mi corazón no se ha asustado, y que, en realidad, no ha pasado absolutamente nada, ha sido como si lo hubiese visto todo desde el techo: tú me saludas a toda prisa, yo hago un gesto con la cabeza y no hay más. Nada más. Quizás la represión ha hecho que me olvide de ti, de que se esfume todo lo que le daba algo de vidilla a mi vida laboral, y ¿Sabes qué? Que casi me alegro de ello.
Siempre me echaba la culpa de ello: " No ves que no eres nada,boba, que solo te está saludando, piensa en ser amable y punto, él no espera nada más de ti" Me sentía mal sólo por el echo de con la sonrisa en los labios y la mano en alto, sin darme tiempo a articular unos "Buenos días" el corazón se me asustase, con esos sustos que te quitan las palabras de la boca, y tú pasases de largo, ya fuese pasillo arriba o pasillo abajo.
A veces, la desconcertante certeza de que tú supieses que existía, arrancaba en mi esa especie de alegría pasajera, tanto como un avión en el cielo, imperceptible y que sólo los mas pequeños se dan cuenta de que está ahí y señalan diciendo: "Mira un avión" como si fuese el primero que han visto en su vida pero que al volver a bajar la vista a sus castillos de arena enseguida olvidan.
¿Qué cuales son mis castillos de arena? La mayoría no tienen nada que ver contigo, como por ejemplo,cuanto tiempo queda para poder volver a tomar una taza de café con Bea , los recados que mi jefe ha dejado de última hora, las llamadas a mi madre... Pero enseguida cruzas el pasillo y me quedo con la duda de si me has mirado o no.
Hoy, no me esperaba verte aquí, y me he dado cuenta de que mi corazón no se ha asustado, y que, en realidad, no ha pasado absolutamente nada, ha sido como si lo hubiese visto todo desde el techo: tú me saludas a toda prisa, yo hago un gesto con la cabeza y no hay más. Nada más. Quizás la represión ha hecho que me olvide de ti, de que se esfume todo lo que le daba algo de vidilla a mi vida laboral, y ¿Sabes qué? Que casi me alegro de ello.
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