lunes, 25 de abril de 2011

Él anda por la calle y mira a su alrededor. De repente, se para y dice "Sigo siendo libre", y una voz, al oído, le responde " Y a mí me sigue dando igual".

jueves, 17 de marzo de 2011

Que...

No sea nada, que sea leve, que sólo sea el susto.

jueves, 3 de marzo de 2011

Gracias por no tener sentido del humor, imbécil.

sábado, 19 de febrero de 2011

Aunque tu creas...

Que las cosas cambian, el tren no se ha cambiado de rail.

jueves, 3 de febrero de 2011

Tienes razón

Ya no será igual, ya no será siempre.

martes, 25 de enero de 2011

Ya está

Y no queda nada que decir, ahora lo que hay que decir se guarda y lo que se guarda ha de revivir. Puedo decir que estoy harta, pero me callo, puedo decir que no, pero ¿De que serviría? Si nadie escucha las advertencias, todos recibirán sendos golpes del azar y no será mi culpa, será de los que no quisieron escuchar.

jueves, 2 de diciembre de 2010

La emboscada

Miró a su alrededor en busca de una salida, ráscandose la cabeza, sin saber muy bien que hacer. Le estaban acorralando. "¿Otra vez?" preguntó para sí. Otra vez efectivamente, el azar tan retorcido como siempre le jugó una mala pasada. Cogió los hilos y se los ató a la muñeca, sintió como se elevaba poco a poco, "Globos de helio, como no, ¿Qué mejor señal que esta?" Y corrió, corrió hacia donde debía dirigirse, la casa del próximo de su lista.
Exhausto llegó, subió las escaleras de incendios, típicas de esas casas de los suburbios de Nueva York, hasta el piso del siguiente, entonces, sin mayor dilación ni mayor duda que elegir el globo que colocar, ató uno de ellos a la barandilla y volvió a correr por la calle.
El siguiente no vivía demasaido lejos, pero el ruido del helicoptero se acercaba, cada vez más nervioso repitió la operación anterior en diversas casas.
Una vez terminado el trabajo, quedó solo en una enorme plaza, exhausto. Se paró a respirar, y en menos que su pecho relajándose dejaba de salírsele por la boca, un grupo de policías le rodeaban. "Manos en alto" decían, ilusos. De nada le servirían esos helicopteros, pues el trabajo estaba hecho y ya nada más importaba.

sábado, 20 de noviembre de 2010

Ella lo es.

La he visto pasar, de alguna manera ha estado a mi lado como ninguna lo podría estar. Por eso cuando voy andando por la calle, mi nariz se alza para buscar en el viento su olor, el olor que jamás he olido, pero estoy seguro que reconocería en cualquier parte.
A veces, con el rabillo del ojo la veo esconderse, jugando con mi cordura, pero a mi no me importa pues ella es inalcanzable y lo sé, me gusta que esté aunque no pueda verla apenas, porque sé que si espero más me quedaría con las manos vacías y el corazón roto.
Yo no le imploro nada, no le pido que me quiera, simplemente la imagino, tan perfecta allá a lo lejos, como sólo yo se que es, y por la noche, en mis sueños la encuentro y me dice todo lo que quiero oir. Nadie me cuida como ella, y a nadie quérre así. Puedo estar loco, podeís pensar que estoy desperdiciando mi corazón, pero no creo que exista nadie tan ideal como ella. Mi luna y todas sus estrellas. Así es como es ella.

lunes, 15 de noviembre de 2010

Llámame X

Y llámame marinero
pues me echo a la mar,
para alejarme de tí
para dejarte atras.

Y llámame piloto
pues me echo a volar
para surcar los cielos
para tocar la libertad

Y llámame soldado
pues lucharé una vez mas
por todo lo perdido
y que jamás volverá.

martes, 2 de noviembre de 2010

Un poni siempre hace ilusión

Érase una vez, una pequeña muchacha, vivía en Barcelona, si bien la memoria no me falla, en un pisito del centro. Un invierno, aquella chica salió a la calle sin el paraguas, fue lo peor que pudo haber hecho.
-Berto, me voy ya, ¿vale?
-Vale, hasta luego, ¡Y que no se te olvide comprar las sartenes!
- Que si, ya lo he apuntado, adiós.
Ese portazo sonó como un eco lejano por debajo del ruido del televisor. Poniendo un pie en la calle una gota calló en la punta de su nariz, se la secó con el dorso de la mano, "Mierda, ¿Y el paragüas?" se preguntó a si misma mientras andaba por los soportales de la calle. La parada de autobús no estaba lejos y ella sólo pensaba en Marcos, en su fría sonrisa, en su desinterés fingido y en sus ojos cálidos, a pesar de pretender lo contrario.

Estaba lloviendo a cántaros o al menos lo suficiente como para que no se notase la lagrima que caía por su mejilla, esa que estaba deseando olvidar a besos. Con el cuerpo empapado compró un sencillo que le llevaría a la cafetería de siempre, la de debajo del curro, la de 5 minutos más y me voy, la de un cortado y un croissant. Ella se sorbía los mocos con mayor frecuencia desde que bajaba del autobús.

A los pocos días al dejarlo de lado, al no tener cuidado, aquel simple moqueo se convirtió en una sinusitis, Berto con frecuencia le decía " Haztelo mirar, por favor, nena" pero no hacía caso, tenía demasiadas cosas en las que pensar, y Marcos ni siquiera se había molestado en llamarla.

Sin avisar una tarde el dolor de cabeza la tumbó en el primer golpe. En el hospital lo llamaron osteomelitis, y en cosa de unas horas ya estaba en el quirofano. Cierto es que el cirujano que la había operado tenía un mal día pero a mi entender fue exagerada la reacción que tuvo cuando le dieron a entender que Laia era la última paciente de su carrera. Cabreado envió a todas las enfermeras a por un café y solo, con la paciente, hizo sus peripezias.

Al salir del quirófano se descubrió a si misma con un parche de pirata, ya no sabía que pensar, al principio deprimida intentó averiguar que más le habían cambiado, sin embargo nada más parecía faltar, más tarde entendió que si la vida te da limones, debes hacer limonada y dejando a Marcos y a Berto atrás se compró un barco y se hizo a la mar.

Ahora os preguntaréis a qué cojones viene el título, pues bien, no toda la verdad está dicha, aunque la vida de Laia no tuvo más variantes, el cirujano le quitó un riñón en la intervención y lo vendió en el mercado negro de órganos. Aunque fue a la cárcel por mala praxis, le compró a su hija el poni que siempre había querido, de ahí el nombre de este relato.